¿Cuándo ha fortalecido Dios a su familia?

El hecho de que nacemos en pecado (Ro 5.12) significa que nuestras familias también están plagadas de pecado. A veces es evidente en algo tan común y corriente como las peleas entre hermanos, pero para muchas personas, el quebrantamiento se manifiesta en el abandono, abuso, distanciamiento, muerte, divorcio y otras cosas más.
Sin embargo, sea cual sea el caso, su familia no está condenada. Por el contrario, el quebrantamiento —en su vida y en las de sus seres queridos— es un campo fértil para redimir y sanar. Cuando nuestras relaciones familiares no son buenas, podemos depender del poder del Señor y ver su amor en acción. (Véase 2 Co 12.9, 10).
Es inevitable que la familia nos decepcione, pues somos descendientes de Adán y Eva. Cuando ocurra, recordemos que las pruebas son parte de la vida (Jn 16.33), y que tendremos problemas familiares. Salmo 34.19, 20 (LBLA) dice: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas lo libra el Señor”.


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